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El narcisismo en las mujeres. Dinámicas familiares que alimentan una falsa fortaleza



El narcisismo es un rasgo de la personalidad que se suele asociar más con los hombres, especialmente porque el sistema social tradicional tiende a fomentar en ellos comportamientos de poder y dominancia. Sin embargo, las mujeres también pueden desarrollar dinámicas narcisistas, aunque los factores que alimentan estos comportamientos son a menudo distintos. En el caso de muchas mujeres, el narcisismo puede arraigarse en un contexto familiar donde la madre es percibida como débil o pequeña y el padre, en lugar de ser un referente protector, está ausente o no asume su papel de guía. Esto puede llevar a la mujer a tomar roles para los que no estaba preparada, moldeando su carácter de una manera que, aunque parece fuerte y decidida, esconde profundas heridas emocionales.


El narcisismo que emerge de la necesidad de hacerse grande


Cuando una mujer percibe que su madre es emocionalmente frágil y siente que debe ocupar el lugar de la figura fuerte dentro del núcleo familiar, empieza a desarrollar una postura de superioridad y control. Este proceso se da de forma inconsciente y suele iniciarse en la infancia. Ante la percepción de que su madre es incapaz de sostener el equilibrio emocional de la familia, la niña siente que debe "hacerse grande", asumir responsabilidades que no le corresponden y convertirse en la protectora, organizadora y en quien pone orden.


Esta situación es particularmente crítica si el padre, que debería ser la figura de límite y protección, está ausente o no asume un rol activo en la familia. La falta de un padre que ponga un límite y dé estructura a la relación madre-hija deja a la niña en un estado de vulnerabilidad donde siente que debe protegerse por sí misma. Esta sensación de desamparo, en lugar de ser canalizada como una herida a sanar, puede manifestarse como una defensa narcisista: la niña, convertida en mujer, adopta una postura de control y superioridad como una forma de protegerse de la sensación de fragilidad que vivió en su infancia.


El narcisismo alimentado por la sobreprotección y el consentimiento


Por otro lado, existen mujeres que han sido el centro de atención desde niñas, que crecieron en entornos donde cada uno de sus deseos era satisfecho, donde siempre recibían un “sí” a sus pedidos y demandas. Estas niñas aprenden que el mundo gira en torno a ellas, y que su valor radica en ser el centro de la atención de los demás. Sin límites claros, crecen con la expectativa de que sus necesidades y deseos deben ser atendidos por todos a su alrededor, lo que las lleva a desarrollar una actitud de derecho sobre los demás.


Estas dinámicas de sobreprotección generan una sensación de grandiosidad que, con el tiempo, se convierte en una defensa narcisista. Cuando estas niñas crecen y enfrentan situaciones donde sus expectativas no son satisfechas, su frustración puede transformarse en conductas de manipulación y control hacia quienes las rodean. En la vida de pareja, este patrón puede volverse particularmente problemático, ya que la mujer espera que su pareja la trate con la misma devoción y entrega incondicional que recibió durante su infancia.


La falsa fortaleza y el maltrato en la pareja


Aunque estas mujeres aparentan ser fuertes, decididas y capaces de enfrentar cualquier desafío, esta fortaleza es en realidad una máscara que oculta una profunda herida de abandono y desprotección. Sienten que deben demostrar constantemente su independencia y poder, pero en el fondo, arrastran una sensación de soledad y miedo a ser lastimadas.


En las relaciones de pareja, esta postura de superioridad se puede traducir en dinámicas de maltrato, ya sea emocional o psicológico. Al sentirse en una posición de control, tienden a descalificar a sus parejas, a imponer su voluntad y a buscar mantener un control constante sobre la relación. Cualquier gesto de autonomía por parte de su pareja puede ser visto como una amenaza a su autoridad, y la respuesta a esto suele ser la manipulación o el menosprecio. De este modo, el dolor que sienten internamente, ese niño o niña que se sintió desamparada y no recibió la protección adecuada, se proyecta hacia la pareja, creando un ciclo de daño y desconfianza.


Raíces profundas y la necesidad de sanación


El narcisismo en las mujeres, como en los hombres, no es solo una actitud superficial de arrogancia o control. Es una estrategia inconsciente de defensa que busca proteger a la persona de un dolor emocional profundo y de una sensación de vacío interno. Comprender esto es crucial para dejar de alimentar la dinámica que perpetúa su comportamiento.


Para quienes se relacionan con personas que muestran estas actitudes, es importante entender que participar en la dinámica de validación constante solo refuerza su estructura narcisista. Dejar de nutrir estas conductas implica establecer límites claros y no dejarse atrapar en la manipulación emocional. A su vez, estas mujeres necesitan ayuda terapéutica para poder conectar con sus heridas profundas, con ese sentimiento de desprotección y abandono que cargan desde la infancia. Es a través del reconocimiento de esta vulnerabilidad que pueden encontrar un camino hacia la verdadera fortaleza, una que no se basa en la dominancia o el control, sino en la autocompasión y la capacidad de relacionarse de manera genuina con los demás.


Hacia una nueva forma de relacionarse


El camino para romper las raíces del narcisismo en las mujeres pasa por reconocer las dinámicas familiares que les dieron forma y la manera en que estas heridas se proyectan en sus relaciones adultas. Es posible encontrar un equilibrio y construir relaciones más sanas, donde la fuerza no dependa del control, sino de la autenticidad y la capacidad de mostrar vulnerabilidad. La sanación comienza cuando dejamos de fingir ser invulnerables y nos atrevemos a conectar con nuestra verdadera esencia.


En amor, servicio y aprendizaje.

Li

 
 
 

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