top of page

Dinámicas tóxicas: narcisismo, apego y patrones de manipulación



En las relaciones humanas, especialmente en aquellas que implican una conexión emocional profunda, los patrones tóxicos pueden emerger con una intensidad abrumadora. Uno de estos patrones recurrentes es el que se establece entre una persona narcisista y alguien con características de apego ansioso e hipersensibilidad empática. Comprender estas dinámicas es clave para evitar caer en ciclos dañinos y avanzar hacia relaciones más saludables. Históricamente, los roles de género impuestos por la educación y la cultura han llevado a que las mujeres sean socializadas para ser más empáticas, cuidadoras y enfocadas en las necesidades de los demás, mientras que los hombres han sido alentados a priorizar su independencia, ambición y autoafirmación, rasgos que, en su extremo, pueden derivar en comportamientos narcisistas. Sin embargo, en la actualidad, estos patrones ya no están exclusivamente vinculados al género.


Hoy en día, tanto hombres como mujeres pueden desarrollar tendencias narcisistas o ser sobreempáticos, dependiendo de sus experiencias personales, su entorno y las dinámicas familiares y sociales que hayan vivido. Esto pone en evidencia que estas características no son intrínsecas al género, sino que responden a condicionamientos y heridas emocionales universales.


El ciclo emocional del narcisista

Cuando interactuamos con una persona narcisista, su comportamiento puede seguir un patrón predecible pero devastador. Este ciclo suele incluir tres fases principales:

  1. Idealización: Al principio, el narcisista se muestra atento/a, encantador/a y profundamente interesado/a en el otro. Este comportamiento está diseñado para ganar confianza y asegurar su control sobre la relación.

  2. Devaluación: Una vez consolidada la conexión, el narcisista comienza a rebajar a la otra persona, socavando su autoestima para reafirmar su propia superioridad.

  3. Descarte: Finalmente, cuando consideran que la relación ya no les beneficia, pueden ignorar, reemplazar o distanciarse de la otra persona. Este proceso, sin embargo, no siempre es definitivo, ya que suelen regresar en busca de validación emocional cuando lo necesitan.


Este comportamiento refleja una profunda herida emocional en el narcisista, quien, a pesar de su aparente confianza, teme amar y ser amado/a debido a experiencias de abandono o rechazo en su historia personal. Su apego evitativo es su forma de protegerse, creando un vaivén emocional que atrapa a sus parejas en un ciclo de cercanía y rechazo.


El impacto en la persona con apego ansioso

Por otro lado, quienes tienen un patrón de apego ansioso suelen ser personas empáticas y preocupadas por el bienestar de los demás, pero con dificultades para establecer límites. Su sensibilidad los hace especialmente vulnerables a las tácticas del narcisista, generando una relación tóxica basada en la codependencia. Este desbalance emocional no solo les causa dolor, sino que también perpetúa una dinámica en la que ambos se hieren mutuamente, alimentando una "guerra de egos heridos".


El narcisismo encubierto: cuando la víctima perpetúa el daño

En algunos casos, la persona inicialmente víctima de un narcisista puede adoptar un rol de “narcisista encubierto”. Esto ocurre cuando, en lugar de sanar, la víctima responde al daño desde el resentimiento y adopta tácticas manipuladoras para “hacer pagar” al narcisista. Estas acciones incluyen:

  • Desacreditar al narcisista ante terceros.

  • Dramatizar su experiencia para ganar simpatía.

  • Mantener la relación únicamente para vengarse o controlar la narrativa.

Aunque estas respuestas pueden parecer una forma legítima de autodefensa, perpetúan la toxicidad y refuerzan patrones dañinos. La relación, en este punto, deja de ser unidireccionalmente tóxica y se convierte en un ciclo de daño mutuo.


La clave para romper el ciclo

Reconocer estas dinámicas y el papel propio dentro de ellas es el primer paso hacia la sanación. Tanto el narcisista como la víctima necesitan explorar sus heridas emocionales y trabajar en sus patrones de apego para construir relaciones más sanas. La verdadera liberación llega cuando dejamos de buscar justicia o venganza en la relación y priorizamos el crecimiento personal.


Si te encuentras en una relación de este tipo, recuerda que tomar distancia no es un acto de debilidad, sino de amor propio. Romper el ciclo requiere fuerza, introspección y, en muchos casos, apoyo terapéutico. Solo así podrás dejar atrás las dinámicas destructivas y abrir espacio para relaciones más equilibradas y saludables. En amor, servicio y aprendizaje Li

Comments


bottom of page